La historia detrás de lo que consumimos : Principio, nudo y desenlace de los productos

Sabes en qué lugar del mundo se cultivaron las frutas que consumes, cuantas veces usaste esa camiseta que ya no utilizas o a dónde fue a parar el último cepillo de dientes que botaste.

Es bastante probable que no lo sepas, y es posible que no entiendas el por qué deberías saberlo, pues bien, todos los productos que usamos y consumimos a diario (la comida, la ropa, productos de aseo, electrodomésticos, etc.) tienen una historia, es decir, tienen un origen o fabricación (principio), un tiempo de uso o aprovechamiento (nudo) y un fin de vida útil o proceso de desecho (desenlace).

Y estos es importante saberlo, ya que los alarmantes niveles de contaminación por plástico, el descontrolado crecimiento de la deforestación y la excesiva acumulación de gases causantes del calentamiento global, entre otros retos ambientales que afrontamos, nos hacen un llamado de atención sobre la forma en que estamos obteniendo, usando y desechando todo los que consumimos para satisfacer nuestras necesidades, es decir, nos hacen un llamado a reflexionar sobre la historia detrás de lo que consumimos.

Para tener mayor claridad hagamos el siguiente ejercicio, busca una camiseta que estés usando y revisa en ella la etiqueta donde se indica el país de fabricación y los materiales usados, esto nos permitirá conocer el inicito de esta historia.

Yo hice el ejercicio, y encontré que la camiseta que más uso fue fabricada en Bangladesh, esto quiere decir que la camiseta viajo más 16.400 km para que yo la pudiera comprar en Colombia, lo que representa de acuerdo a cifras del ICS (International Chamber of Shipping), una emisión aproximada de 130 kg de CO2 en ese recorrido (la excesiva acumulación de dióxido de carbono en la atmosfera es la principal causante del calentamiento global).

Adicionalmente, la camiseta está fabricada en algodón, de acuerdo a estudios hechos por la universidad de Twente de Holanda, esto implica el consumo de aproximadamente 2.700 litros de agua, desde el cultivo, cosecha y transporte del algodón para la elaboración de hilo requerido para la tela de la camiseta, hasta la confección y elaboración de la prenda (se considera el agua requerida para el cultivo de algodón, el procesamiento de la prenda y la producción de energía requerida en todo el proceso).

Con estos datos ya nos podemos dar una idea sobre lo que sucedió con esta camiseta antes de adquirirla, y sobre todo empezar ser conscientes sobre el impacto ambiental que pueden tener los productos antes de que lleguen a nuestras manos.

Siguiendo con el nudo de esta historia, podemos evaluar la vida útil o tiempo de aprovechamiento de la camiseta, para esto estimo que he usado la prenda al menos unas 45 veces en el último año y medio, todavía se encuentra en buen estado por lo que puedo llegar a usarla unas 25 veces más, lo cual significa unos 70 usos y cerca de 2 años de vida útil, lo cual es bastante positivo ya que esto representa cerca del doble del promedio de usos dados a una prenda en EEUU (estimación realizada por la Fundación Ellen MacArthur, especializada en estudios de economía de circular).

Aquí cabe resaltar que entre menos se use una prenda hay mayor riesgo de contaminación del medioambiente, ya que cerca del 85% de las prendas del mundo terminan en los vertederos, por tanto, entre más tiempo de aprovechamiento le demos a la ropa menos presión ejercemos en los rellenos sanitarios.

En este punto, podemos ver que entre menor sea la vida útil de un producto, ya sea porque compremos productos desechables o de baja calidad (que pueden presentarse como muy “económicos”), o bien porque a pesar de que el producto sirva, este ya no nos guste porque pasó de moda; mayor es la probabilidad de que se saturen los basureros y busquemos un nuevo producto que satisfaga nuestras necesidad de consumo, ejerciendo cada vez más presión sobre los recursos del planeta.

Para dar fin a la historia de la camiseta, muy seguramente cuando yo la deje de usar, esta prenda se convertirá en un trapo para limpiar el polvo de la casa, también podría botar la prenda a la basura, pero considerando que tiene un pequeño porcentaje de poliéster, la camiseta podría durar hasta 6 años en degradarse, por tanto, el tejido estaría contaminando el medioambiente en todo este tiempo.

Otra opción sería la de entregar la camiseta a una fundación u organización que se encargue de reciclar, recuperar o reutilizar textiles, para obtener nuevas prendas o elaborar nuevos productos, lo que permite extender la vida útil de la tela de la camiseta y prevenir que vaya a parar directamente a los vertederos.

Eso puede ser un final feliz para la camiseta, en el que el medioambiente pueda verse menos afectado, pero principalmente, esto nos ayuda a considerar que los productos al llegar al final de su vida útil, tienen alternativas diferentes a botarse en la basura, y debemos buscar cuál es esa mejor opción de acuerdo al tipo de material con el cual se fabricó.

Ahora bien, este ejercicio podríamos replicarlo con todos los productos que usamos y consumimos, no obstante, este sería un ejercicio extremadamente dispendioso, que pocas personas en su día a día estarían dispuestas a realizar.

Por tanto, la principal invitación que hacemos en este blog, por el bien del medioambiente y el nuestro, es la de empezar a cuestionarnos sobre los que sucede con los productos que usamos antes de que lleguen a nuestras manos, cuál va a ser el uso y la vida útil que tendrá, así como cuál será la mejor disposición final del mismo.

Esto nos permitirá recorrer un camino, en el que el factor de decisión de compra deje de ser únicamente que el producto satisfaga una necesidad o tenga un precio bajo, y se sume a este análisis, por ejemplo, el revisar el país o ciudad de origen del producto, favoreciendo el uso de productos locales ya que han tenido un menor recorrido en su distribución y por ende una menor huella de carbono (menor emisión de dióxido de carbono).

A su vez, se puede revisar el material de fabricación, así como el material de empaque del producto, con el fin de garantizar que este sea un producto de calidad que tenga un tiempo de aprovechamiento adecuado, y que al final de su vida útil le permita ser reutilizado, reciclado o degradarse con facilidad, evitando el uso de productos desechables, de pronto deterioro o elaborados en materiales imposibles de reciclar.

Para ampliar tu visión respecto al impacto ambiental y social de nuestros hábitos de consumo, te invitamos a ver el documental “La historia de las cosas”, en el siguiente enlace lo puedes encontrar.

https://www.youtube.com/watch?v=ASoC231fE0U

Recuerda que nuestras decisiones de compra tienen un impacto directo en el medioambiente, y si quieres empezar a hacer algo positivo por el planeta empieza por ser más consciente sobre la historia detrás de los productos que usas.

En OKO te ayudamos a disminuir el impacto ambiental asociado a tus consumos, ayúdanos a sumar acciones y construir juntos comunidades sostenibles, te invitamos a visitar https://okomarket.com.co/

Referencias:

https://sectormaritimo.es/responsabilidad-medioambiental-eficiencia-del-transporte-maritimo

https://aguaecosocial.com/tu-camiseta-de-algodon-devora-agua-y-energia/

https://www.eldiario.es/ballenablanca/365_dias/tirarla-europa-veces-china-eeuu_1_1651533.html

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